Agujas

 

Ansiedad plana, cambio de tono, mi paladar esta absorbiendo al resto de sabores, lo único que soy de amortizar : el agua, que tiene la costumbre de comulgar en mi boca. Formando espejismos en ella. Me vuelo mayor, eso quisieran oírme. En verdad el único que me lo dice es mi propio reloj biológico, a carcajadas con el cronómetro al revés. Una gota tras otra, llenando la sabiduría de un pozo de alquitrán y tinta china con todos los nombres que al final  del día olvido. Ni sus caras ni sus costumbres favoritas o motivos por los que odiarle sin duda los más enternecedores, que piden un asesinato a gritos de vez en cuando.

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Caen gotas en mi plato, y en el vaso, como si fueran el jardín de la entrada, entre bichos y plantas, siempre me he preguntado si de verdad a los muertos les gustan las flores muertas. El mayor de los sinsentidos. Flores muertas para los difuntos. A mi nieto siempre le quedría ,  pero llevar a un grupos de niños con la peste negra a ver a otros querubines con tos ferina no es lo más elegante y adecuado que haya presenciado.

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Heridas en las manos, me lavo. Fue impreciso decir que me gustabas tanto como manchas de chocolate en fresas. Ahogados en un cubo de agua sucia mis pensamientos, no se si valdrá para tus manos humedad y brillantes, tu pelo suelto ( nunca me atrevo a adivinar el color, con tanto tinte, por lo que sea me gusta el que tu llevas), y tus uñas nacaradas. Mi pensamiento ya esta sucio se por si, empieza a pudrirse. Entre copias y covers baratos que llevar en el coche, nadie nos  quería hablar hasta ver el precio al que nos vendíamos.

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Plantados que al llover delante de él vuelve el sinsentido, las páginas impares, y las toallitas húmedas que recorren mi frente húmeda y mi pubis, tan lejos y siempre tan cerca : pensando con el orto y dejando las heces repartidas por la boca. Todo lo que veo me recuerda a ti, lo que escribo, mientras, al tiempo, al lugar y con quien estuviera aquella vez. Te pretendo recordar. Con flores muertas en mitad de un mármol frió me niego a aparentar una sola lagrima en las pestañas, ni una sola gota de sangre derramada. Si me quieres de verdad me dijo el muerto ” Cantadme Valverde las mañanitas del rey David “, -que entre tu y tus flores hay una sola diferencia y es la tierra, si no las plantas a mis pies, a mi lado en una losa te plantaran a ti-

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No es cosa mía, ni de las alas de mariposa, que me despeinan en un atasco. Todos los gritos incapaces de sentirse mudos, ningún vaso roto ( son de papel, no tienen ningun sentido post-romántico) . Me escapo y dejo el coche solo que lo encuentre el primero que venga, la verdad, no fue realmente así , deje una colilla  previamente encendida en el cenicero, me adormeci y apiadandome de mi mismo, encendí otro cigarro, sin tragarse esta vez el humo, tan solo pensando en el espejismo que siempre me hipnotiza en la carretera, y deje ambos cigarros, no en el cenicero si no en el asiento del copiloto. Si alguien lo quiere, se merece esta congoja. Segui andando y poco a poco se formo humareda. Ansiedad plana, cambio de tono…

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