Servilletas  mojadas

 

Le temblaba el pulso, no vendría ni a operar a gente inerte, todo estaba tan frío como esos cuerpos. Sus pensamientos tampoco podían presumir de una mejor temperatura. Se golpeaban unos con otros para saber cual ocupaba la mejor posición en su cabeza y, en más de una ocasión, esto sucedía quedándose vacío, como si un eco ineficaz empezara a sucumbir, para dejar paso a la ineficacia de frases sueltas que sonaban como un acordeón sin afinar en el suelo. Intentando de vez en cuando mantener la compostura y lo que conseguiamos, era que en sus ojo desfilara una frialdad que según que persona le pareciera atractiva, hasta que tuviera que  reconocer los hechos, las consecuencias que la seguían. Los pasos desechos a cada instante, se podía preguntar uno por hora, los segundos, hasta encontrar algo que lo agradara.

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 La pena venia cuando algo se desconectaba, un solo momento en el que preferiamos nos mirar y todo se teñía de color cereza dulce. Los sinsabores de la vida cobraban en ese momento un gusto particular, y según la persona, podría deletrearse, o simplemente dejarse caer como un gotero, poco a poco, hasta demostrarse en el arte de las desgracias ajenas y divertirse. Algo, que tarde o mas tarde gusta y, se le saca partido. Apretando tuercas, viendo el vaso a rebosar , apostando  a cual sera la gota que terminará por derramarlo todo. Tus caricias en las muñecas, atadas a mis recuerdos. Las buenas intenciones no valen nada, monedas en una deuda millonaria. Una camiseta que apenas nos cubre la mitad del frío.

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De un frío que consigue que no comamos los unos a los otros. El primer bocado es el mejor. El que traspasa el hambre miserable, y el canibalismo, que al menos consigue que supervivamos. A mi personalmente jamas me importara, que me comiesen, igual que dono mis órganos, podría servir para la cena que salvaría a unos marinos, exploradores o los que se encontraran en las últimas ese día. Mi carne espaciada, en la boca de alguien que la apreciara de la misma manera que yo mismo, hasta las últimas, suculencia extrema : a que negarlo , me sobrepasa.  Me encantaría ser un bocado, bien cocinado. Algo casi gourmet, o por que no barbacoa, y que cada uno se sirviera, la parte más apetecible. No era capaz de acabar, las calles parecían alargarse según mis propios pasos cada vez que me encontraba hasta, más lejos de mi mismo. cuando miraba hacia detrás, me daba cuenta que tampoco avanzaba  tanto como creía, debía ser mi propio ego, que quería una recompensa .

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Cada vez que levantaba un pie, deseaba que alguien loara ese pequeño esfuerzo, como si el mundo se moviera a causa de ello. Había millones de suelas de zapatos, que dejaban el suelo para alzarse, y hacer avanzar a una personita. Conseguir alcanzar miles de sueños, así que aprendí a no mirar, a recoger a cualquiera que empezara a desfallecer, o empezara a recobrar la memoria o empezara a recordar las muchas veces que me ofrecieron los brazos. Antes de ver el precipicio, a hacer de mis sueños, algo en lo que creer. No ver el plomo de los demás tirando.

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