Sin detalles

 

Podía pedir direcciones y la mayoría era erróneas, la gente inventaba los números de teléfono por miedo. No dejaba de ser un poco extraño que alguien te abordase con la idea de mejorar tu vida por que si. Ni una religión extraña, ni comprabamos el oro del anillo de la abuela muerta al mejor precio. Tan solo eramos charlatanes que seguramente terminarían buscando problemas a nuestros clientes y, es que a decir verdad,  al oir el nombre de nuestra profesión la mayoría de nuestros clientes se santiguaban. Fueran creyentes o no. “Abogados”.

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Rotwailers de las peleas familiares. Rematabamos lo que quedaba en los escombros y, no dudabamos en pisar el cuello de aquello que con un mínimo de vida osara a llevarnos la contraria, o nos mirara un poco bizco. Nadie nos quería cerca, nadie que no ansiara el olor a pena y sangre ajena.

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En lo único que podía pensar mientras me paseaba la calle Castellana arriba y abajo con un cartel que me ocupaba todo el cuerpo, mientras repartía tarjetas. No daba para más y era mi segundo año de carrera. La mayoría de la gente me apartaba, no solo por el volumen que ocupaba con todo el rótulo y sus rimbombantes ripios, mientras intentaba colar alguna que otra tarjeta, que bonitas que eran. Como el rostro de la bruja de Blancanieves, pues sabía de sobra que nuestra especialidad era la carnaza entre gente que en algún momento se había querido o eso habían deseado creer. Ahora buscaban zonas desprotegidas donde poder clavar una daga fina e intentar encontrar el siguiente hueco libre donde poder seguir la punción para una muerte doloriente y duradera.

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Espinas es la garganta. Puñales en la espalda. Desechos en la cabeza y el hígado que nunca volverán a ser los mismos y, quedan trastornados como nosotros, unos instantes antes darse cuenta que no valdrá para nada el resistirse, a pesar que vaya inscrito en los instintos de cada uno.

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Veo animales parecidos a nosotros, pero incapaces de hacerse tanto daño a pesar de poseer una fuerza mayor. Una rabia contra sus atacantes que superaría con creces a los depredadores que con audacia y hambre desean devorar a sus crías. Pero nunca con tanto rencor. Imposible.La naturaleza nos dota de una fuerza de voluntad  para poder superar casi cualquier cosa, nos da la posibilidad de sobrepasarnos a nosotros mismos. Hasta que somos nosotros mismos los que nos ofuscamos en revasar a la naturaleza y, terminamos  por asesinar a todo aquello que tuvo un mínimo de valor, lo que consiguió que aprendieramos algo. Lo que merecía la pena, el mínimo esfuerzo y, cariño. Hemos sido capaces de desolar y, dejar inerte el más pequeño detalle.

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Todo lo que alcanza nuestros  a ver nuestros ojos sin el más ínfimos atisbo de vida. Me acabo de quedar suspendido de un hilo, con la cabeza gacha, sin saber que contar, los brazos inermes y, una sola canción antigua paseándose por mis pies, mirándome de frente preguntándome por lo que de verdad pasa por mi azotea. No puedo evitar acordarme de lo que te prometí , empezar por quitarme el anuncio. Chasquear los dedos. Volver a casa, tres pasos adelante, dos atrás, moviendo las manos al compás. Ir en tu busca. Meter los besos en una bolsa e incharla. Explotarla en tu cara, volver a empezar. Por tu cuello, darte unos cuantos besos más.

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