Etruscos en la peluqueria

 

No todo en esta siempre en su sitio,  intento colocarlas y en ese momento soy yo quien esta fuera de lugar, en el lugar que menos compensa. Confundiendo el continente con el contenido. En ese momento es el movimiento lo que sobra, rompiendo la consciencia, desdoblandome los dedos contrasentido. En mi ya no caben gatos distraídos, ni posturas en la que de repente alguien se alborota por acariciarme la cabeza, por mi cara bonita. En un lado , una mesa rellena de gente alrededor, que desconoce el nombre de los dueños de su tiempo, de los momentos que creen que los pertenecen . Un grito sordo al ver como se desplazan las que también creían sus posesiones más directas.

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Me cuestan las penas de formas impares, de forma que siempre se queda viuda, descolgada, como se sienten algunas de estas personas, entreteniéndose en buscar, algo que a ciencia cierta saben perdido. Agujeros en mitad de un vaso que jamas les permitirían verlo más allá de  medio lleno o medio vacío. Trampas.

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Un virus letal desde el cual viajamos moviendo todos nuestros enseres. Cada gota de vida y recuerdo , lo poquito que quisimos ser, o nos han dejado. Ha llegado con gusto ese momento en el que nos sabemos distinguir, en el que no sabemos la diferencia. Gotas de tinta que no valen nada. Excepto el trabajo del significado de unas palabras. Llegar a un puerto en el que una frase valga algo. Un señor feo, majo, bajito, sin apenas cualidades atléticas, nos resultaría a casi todos desagradable a la vista, con sus poses extrañas. El contexto nos lo coloca a 8.000 metros de altura. En ese momento ese señor feo y de desagradable olor, todo los haríamos un hueco por valiente, cuando a lo único que llego es a loco temerario, como yo. El abuelito ideal para las navidades.

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 Posiblemente incluso fallecido, daria nombre a algun licor , o pico de montaña. Los falsos nietecitos irian al colegio fardando de abuelo. Sin saber que las garras del destino les estaba esperando en lo alto de una cumbre o en otra muerte absurda.  En cualquier cuneta los apellidos. Valpendiados en un cajero automático,ahogados en un vide de un motel sin agua corriente. Movimos nuestras cosas, aquello significaba algo para nosotros, de un lado a otro. Por si tuviera algún tipo de valor, poco a poco, lo que íbamos recibiendo eran malas noticias, y difuntos ( heroicos ) . Las personas con las que teníamos menos ganas de confraternizar y dependían de los mismos problemas. Sin que tuviésemos muy clara la verdadera razón nos reconcomia las diferencias. Nos faltaban los nuestros y a regañadientes los sustituimos sin querer por otros pobres que no tenían parientes. Eramos la manada de los muertos, de los ausentes. Las familias sin foto. Ni carnets de despedidas. Cada día un para siempre.

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