Madrugadas dispersas

Desenfocado y con los muslos doloridos. Debería saber algo más de mi mismo. Pero me niego a hacerme preguntas que en algún momento podría responderme con otro signo de interrogación de por medio. La música me acompaña, incluso me convence de ciertas obviedades que en otro momento me niego a ver. El café frío. Me sienta mal. Con ganas de arrojar incluso mi vida por la ventanilla. Cada vez que paso por un cruce de peatones. Puede ser que alguien que la encuentre pueda hacer algo con ella. De provecho o al menos tumbarla en una cama hasta que se recupere.

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Montones de basura acurrucadas en una silla hacen de mi mejor amigo. Soy incluso de dirigirle la palabra, mientras se cae por los bordes. En ocasiones me pregunto como soy capaz de almacenar todo ese montón de porquería. Hasta que me contesta y recibo reciprocamente su cariño. Y su pestilente olor. Me imagino que es mi pasado. El café helado y el pan de molde integral me sirven de alimento durante días. Horas que se acumulan hasta formar semanas. en las que busco formas y maneras de mantenerme de pie. Haciendo fondo. Carreras que me dejan sin un gramo de fuerza, y me hacen chocarme con los obstáculos.

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Desheredado de los peores lugares. Debería de encontrar el camino de vuelta. Pero en este a crecido la maleza. Y no dejo de recibir paquetes a contra reembolso a esta nueva dirección. Donde las fotografías de las paredes no me dicen nada. Soy incapaz de recordar a nadie. A pesar de tener todos los libros de la estantería dedicados a mi nombre. No sale agua caliente de mis grifos, así que duermo en constante tiritera. Imposible de discernir la madrugada y un amanecer que deja que el sol nos acompañe con un viento que nos avisa que hoy no es nuestro día.

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Pienso que el teclado de mi ordenador no esta en ningún idioma conocido y las letras aparecen salteadas y a su placer en la pantalla. Me va a ser imposible terminar tu carta. Los grandes éxitos de esta habitación se escriben todos en acordes menores, y recuerdos que son la mayoría sueños pesados. Pesadillas cortas. Siestas malas. De enfermo con una ligera fiebre. Debo de tantear un nuevo sitio donde quedarme a descansar y placar un nuevo ataque a tu ilusión.

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Me pica el cuerpo. Las chinches y los mosquitos son mis nuevos animales de compañía. A pesar de ellos me muevo deprisa. Empiezo a dar pasos pequeños pero concisos. Me pongo en tu busca. Puede ser un día tan ordinario como los otros. Pero en tu encuentro. No voy a parar. Empiezo a indagar. Hoy comienzo una vez más. Quizas intenten pararme, pero nadie lo consigue. Me enredo y a pesar de ello doy otro paso más, sin parar.

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