Tierra de nadie

Recuerdos que nos negamos a que sean parte nuestra, y no dejan de asomarse por las ventanas de cualquier cosa que hicimos. Condicionando lo que somos ahora. Moscas en la herida. LLagas purulentas que nos chupamos con la esperanza que algún día cicatrizan. Saben a sal y dudan como si exprimiéramos un limón encima de ellas. Se conocen bien y solo tienen que estar ahí para recordarnos quienes fuimos. Con un colador en la cabeza que no nos protege de nada y nos deja pecas expuestas de nuestro propio dolor. Correr de un lado a otro. Como si así fueran las costras. Son parte nuestra.

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Viajes innecesarios. Comienzo a sentir la necesidad de estar solo en esta marabunta de dos, donde las herramientas sirven para escarbar un poco más abajo. Hasta ver la pus. Los trapos sucios con los que nos cubrimos se embadurnan y se pegan a la piel, dejando un olor a podredumbre y a infecto. Trago todo, con delicadeza pero todo lo que se me viene encima es como un vaso con truco de una botella hueca. Aire que respiramos y esta infecto. Los dedos sujetos con gomas elásticas, que ceden lo necesario para hacernos ilusiones y después machacarlas de golpe con un sonido seco. Como todo lo que aquí alrededor ocurre.

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Vuelta de hoja con una fecha de caducidad. Moho por encima de lo que tratamos de decirnos. Mal configuradas nuestras ganas. No queda más remedio que derretirnos en el sitio equivocado, como en un ocaso del que ya no nos advertimos. Jugamos con los mismos objetos que ante por si hubiese una posibilidad de restaurar el orden establecido, y se nos escapan las palabras bonitas haciendo eco por las esquinas. En las que nos perdemos. No quedan oportunidades para los que se niegan a vender un alma en desuso.

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Desfase horario, pero nadie se va a pasar a contar las noches en vela. Con la cartera vacía de un lado a otro de las calles de una ciudad muerta. Callejones más vivos que nunca sin querer confesar a nadie lo que se les ocurre, las barbaridades para las que fueron concebidas. Mala letra, deprisa, impresa en papeles que saben la verdad opuesta. Sin sol, aplaudiendo a la luna nuestros crímenes favoritos, al calor de nosotros mismos. De nuestras zonas más sudadas y pestilentes. Pasando el rato, dando saltos de dolor o alegría según venga el caso.

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Encerrados en carretera abierta. Ningún camino nos dirige lo suficientemente lejos de lo que nos hemos convertido. Ando hacía atrás y comienzo de cero. Sulfurando por las aberturas de mi cuerpo y por cada mentira dicha. Comulgó con mis pasos y reanudo los golpes sobre las paredes que me encierran. Intento doblegarme , volver a ser lo que era, pero nuevo. Escuchar, salir de este paraíso de mierda. Volver al que colocaste, al que te prometí. Revuelto por mi. Curado de imprevistos.

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