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Todo lo que me viene a la cabeza lo pienso en intermitente, unas veces solo y otras veces en severa soledad. Incapaz de salir de esa rueda. En penumbra. Intentando engañar a las ideas que me persiguen a la vuelta de la esquina. Apenas puedo dormir, me levanto cada una o dos horas empapado en sudor e incapaz de descansar. Creo que algo me esta intentando dar caza desde hace unas semanas. Pudiera ser mi propia sombra con muy mala espina, que no para de atormentarme. Sigo paso a paso una espiral de autodestrucción que solo me lleva hasta lo más bajo de mi persona.

Reflejado en un espejo oscuro. Rezumando lo peor de mi mismo. Vamos avanzando de muy poquito en poco hacia el lado mas hiriente que conozco. Probé la sangre y ahora me adormece su sabor, en una especie de letargo angelical. Me zambullo en las peores pesadillas deleitándome en ellas. Con la ropa sucia y un entorno totalmente infecto me deslizo por el suelo a ver si todavía soy capaz de oler los antiguos pasos que me precedieron, y han ido a dar conmigo aquí. Entre los trenes me desdibujo y dejo que me haga retratos los focos antes de volverme a esconder. Nadie olvida los ojos que les miran anunciándoles la soberana soledad.

El ansia nos gana la guerra y se apodera de todos nuestros nervios. Perdidos en barricadas llenas de barro y sal, donde no crece nada, excepto la pobredumbre y el miedo. Anclados allí hasta el cuello. Anuncios de cosas que nunca tendremos se nos cuelan recordándonos lo que nunca seremos. Nos encomendamos al faro del norte, que parece que se haya fundido. El rey de espadas nos atraviesa por la espalda y nos deja de reírse con nuestro retortijones. Me cuesta hablar de las cosas que nos separan, las que nos unen apenas cubren mi cabeza, ofrezco mi alma como una ofrenda tirada a los pies. Empiezo a quedarme sin nada, y titubeo a cada movimiento. Debería de haber aprendido un par de lecciones, pero me niego a encajar ninguna derrota.

Puede que el mundo se nos acabe, y debamos dejarlo todo así tal y como viene, pero me resisto a pensar. Trozos de cristales que vuelven a cortar mi cara de nuevo, la sangre que me recorre me recuerda que aun estoy vivo. Se me aparecen de nuevo las imágenes de las cartas que enviamos y jamas encontraron respuestas. Todas esas dudas esparcidas por el suelo. Llenas de pisotones. Debo de darte lo que ya no esta en mi. No queda tiempo, se lo trago todo este laberinto opaco, por el que nos movemos. Nos ciega la vista el humo. Y solo queda el silencio. Pareciera que hoy pudiera ser más fácil, por estar más cerca el final. Todo lo que no quisimos ver desde un principio. Herrumbre en los filos. NO me conformo con los desenlaces pactados. Las tablas no son para mi. Te encontrare y sera junto a ti. Ese sera el fin.

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