Astas perdidas

Todo perdido en una habitación. A pesar que podría haber dicho en una caja. A decir verdad era una enorme box de discos y cd´s que había ido almacenando desde la pubertad. Ansiando desde que la más tierna infancia. Lo único que mi separaba de mis amigos de colegio era esa pequeña afición. Siempre guardaba una pequeña parte de dinero para los mejores vinilos del barrio, y los que pensaban que eran a mi criterio los extraordinarios. A pesar que los mayores me dijesen que esa o tal música no era para niños. Problema que con el tiempo se termino por solucionar.

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Todo tenía cabida en mis cajas desde Tchaichovsky, Elvis, Vetusta morla, Beatles….Daba igual, todo merecía la pena, todo lo que me emocionara o llevara un pequeño recuerdo implícito. Aunque uno no quisiera, se pegaba al cuerpo, mientras acariciaba la piel de otra persona, y se colaba por cualquier agujero. Serpenteando los obstáculos naturales hasta llegar a los oídos y corazones y convertirse en la canción de uno. En ocasiones la del uno en la del otro. Daba igual que sonasen por cualquier radio, altavoz u ordenador, o fuese música callejera. Tarde o temprano nos despertaba una emoción.

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En otros momentos nos apagaban los cauces ya fueran por castigo o reírse de nosotros, pero ya teníamos los vellos de punta. Nos habíamos atragantado con ese sentimiento. Y podía colarse la música de cualquier coche por la ventana y dejar impregnada para siempre una situación. Un día entero. Como las puertas de una discoteca se cierran y se abren. Dejándonos pasar notas que terminan por encajar como un puzzle mientras fumamos cigarrillos solos y sorbemos una copa esperando a alguien. Se forman figuras en la mente y en la garganta que se quedan pegadas a ellas.

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Tengo rotas las alas de color blanco, y no que queda más remedio que moverme entre las mitades y mortales pisando notas. Con el recuerdo de ella pegado en los pulmones y en las llagas de la espalda. Como muchos quisiera huir, pero lo único que tengo son algunas monedas para la caja de música. La Juke Box. Que sirve para invocarla o admitir mi derrota. Mis pies embutidos en mis botas, que admiten que escriben el camino, siguiendo sus huellas. Dos pensamientos vencidos en forma de canciones, que por los rincones me dejan, sabor a esquina usada.

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En la parte trasera de mi coche la caja. Para poner melodía a mi agonía de noche tras noche, a la tragedia. De probar cada paso en cada carretera distinta. Se que donde estés, se oirá alguna tonada. De tu voz al resto. De la perdición  a donde llega la hormiguitaque recorre tu espalda, ese dedo maldito , que me esconde el sueño. Esa voz que mortifica cuando estas lejos, Esas notas con sabor a bourbon y granos de café . Este dedo que recorre tu cara, el beso que barre tu carmín. Amanecer en un coche tan solo por buscarte. La canción perfecta de una vida anterior. Decir a todo lo que te excluye: No.

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